Sufrir la pérdida de un ser querido, ¿una enfermedad?

La pérdida de un ser querido puede provocar una gran angustia emocional, pero ¿es el duelo posterior parte normal de la condición humana, o es una forma de enfermedad mental que se debe diagnosticar y tratar

La nueva edición de la “biblia” de los psiquiatras, el Manual de Diagnóstico y Estadística de Trastornos Mentales (DMS) que se publica en EUA y que utilizan muchos psiquiatras en todo el mundo, intenta clasificar el dolor por la muerte de un ser querido como una enfermedad mental.

 Esta clasificación importa porque una de las principales funciones de este manual es guiar a los psiquiatras sobre el diagnóstico de los síntomas de un paciente y el tratamiento que debe recibir, que incluye fármacos.

Si se clasifica al dolor de una pérdida como una enfermedad mental, la persona que está sufriendo por esa muerte podrá recibir antidepresivos para tratar ese dolor.

Pero, ¿es este dolor una enfermedad? Y, ¿cuánto tiempo se debe permitir que una persona sufra la muerte de un ser querido antes de clasificarla como ‘enferma’?. En un editorial, la revista médica británica The Lancet, expresa “preocupación” por esta inclusión. El dolor por la muerte de un ser querido, no es una enfermedad y no debe ser tratado con medicamentos.

El apasionado artículo de The Lancet, afirma que medicar una emoción humana normal como ésta no es sólo peligrosamente simplista, sino también es una estrategia fallida, los editores afirman que esta medida que parece categorizar las emociones extremas como un problema que necesita resolverse es muy preocupante.

Pero la nueva edición, la quinta, que se publicará próximamente, no incluye esta advertencia. Esto significa,  que los sentimientos de profunda tristeza, pérdida, dificultad para dormir, llanto, incapacidad para concentrarse, cansancio y falta de apetito, que continúan durante más de dos semanas tras la muerte de un ser querido, pueden ser diagnosticados como depresión y no como una reacción normal a esa pérdida.

Recetar fármacos a estas personas, es una estrategia fallida y no hay evidencia que muestre la efectividad de tratar con antidepresivos a la gente que perdió a un ser querido recientemente.

La mayoría de la gente que experimenta la muerte de un ser cercano no necesita tratamiento de un psiquiatra ni de otro médico. El dolor por una pérdida cercana está asociado con efectos adversos en la salud, tanto físicos como mentales, pero es mejor dirigir las intervenciones a aquellas personas en alto riesgo de desarrollar un trastorno o a aquellas que desarrollan un sufrimiento complicado o depresión, pero no a todos.

Para quienes están atravesando la pérdida de un ser querido, más que tabletas, un médico debe ofrecer tiempo, compasión, recuerdos, y empatía.

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