¿Por qué algunos niños no quieren ir a la escuela?

Es fundamental ir al fondo de la causa por la cual un niño no quiere ir a la escuela.

Con frecuencia, los síntomas no son alarmantes: dolor de cabeza, dolor de estómago, fatiga, pero estos síntomas tienden a presentarse entre semana, específicamente cuando el niño debe ir a la escuela.

Los psicólogos lo llaman evitar ir a la escuela, y puede tomar distintas formas en muchos grupos de edad.

Es difícil tener cifras concretas, pero evitar ir a la escuela sigue siendo un problema grave, asegura Alan Hilfer, director de psicología del Centro Médico Maimonides en la ciudad de Nueva York. Agrega que “los psicólogos estamos más sintonizados con esto, más conscientes de los factores que posiblemente influyan sobre la asistencia a la escuela”.

Los profesionales escolares también pueden ofrecer más respaldo hoy en día, ya que con frecuencia, los niños que evitan la escuela reaccionan a la presión, ya sea real o percibida.

Los psicólogos refieren que hay muchísima presión: en lo académico, la apariencia, las actividades y muchas veces, los niños simplemente están abrumados . Si un niño tiene tendencia a la ansiedad, sobre todo si hay una predisposición genética, hay mayores probabilidades de que se sobrevenga la ansiedad.

En un extremo está el niño pequeño que experimenta ansiedad por la separación dolorosa, pero predecible, cuando va a la escuela por primera vez y en el otro extremo, está la fobia social, que es un trastorno mucho más grave, por el cual algunos niños se rehúsan a ir a la escuela.

Y entre estos dos extremos hay de todo, desde un niño a quien acosan o molestan en la escuela, o niños ansiosos sobre un evento particular en la escuela, como tener que vestirse para la educación física; a veces, simplemente se trata de no estar preparado para un examen, y consciente o inconscientemente de repente no desean ir a la escuela.

Varios estudios han detectado un aumento en evitar ir a la escuela en la educación primaria y secundaria, según la Academia Americana de Psiquiatría Infantil y del Adolescente (American Academy of Child and Adolescent Psychiatry). Los padres que intentan diferenciar entre dolencias físicas legítimas y los síntomas de evitación de la escuela deben comenzar por el pediatra, aconsejan los expertos. Si no hay factores físicos, el pediatra ha descartado cualquier problema digno de mención y aún así persisten los dolores de cabeza, estómago, etc., se puede suponer algún problema psicológico. Eso no quiere decir que el niño no tenga dolor de cabeza, simplemente que hay que abordar las causas.

Los tratamientos dependen tanto de los motivos para no ir a la escuela, como la edad del niño.

Tener problemas con el trabajo académico puede indicar una discapacidad del aprendizaje, que debe ser diagnosticada y abordada antes de que el niño pueda sentirse incómodo en la escuela.

Es muy importante saber por qué piensan que la escuela es un lugar tan horrible, por qué se sienten tan mal dentro de la escuela.

Para los niños muy pequeños, que tienen miedo de estar lejos de casa y de mamá, simplemente hay que hablarles y exponerlos gradualmente a la nueva situación, por ejemplo vestirse e ir hasta el edificio sin entrar, puede calmar la ansiedad.

A veces, las intervenciones conductuales dirigidas a reducir la ansiedad pueden ayudar a los niños. Esto podría incluir meditación para calmar al niño, relajación muscular o terapia cognitivo conductual (TCC).

En los casos más extremos, por ejemplo cuando un niño es acosado por una pandilla u hostigado debido a su orientación sexual, quizás sea necesario que la escuela intervenga. A veces, los niños tienen que ser transferidos a otra escuela.

Los niños que tienen una clara fobia social pueden sentir un pánico genuino, literalmente ser incapaces de ir a la escuela. Una vez más, las intervenciones conductuales pueden ayudar al niño. Algunas escuelas también modifican los horarios, a veces permitiendo a los estudiantes trabajar desde casa.

En ocasiones, los padres necesitan más psicoterapia que los niños, trabajar con los padres para que reduzcan las expectativas y dejen de presionar tanto a los niños, puede ser la solución.


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