Inyecciones para tratar “codo de tenista”

La epicondilitis, conocida también como codo del tenista es una patología caracterizada por dolor en la cara externa del codo, sobre el epicóndilo, prominencia ósea más externa del codo

El equipo del Dr. Robin Christensen, del Hospital de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, realizó una revisión sistemática de 17 ensayos clínicos aleatorizados controlados que evaluaron ocho inyecciones distintas en 1381 pacientes. Del 1 al 3% de la población sufre de codo de tenista, el porcentaje aumenta entre los 45 y 54 años, las inyecciones contienen glucocorticoides, plasma rico en plaquetas (PRP), sangre autóloga, proloterapia, ácido hialurónico, toxina botulínica, polidocanol y glicosaminoglicano polisulfato.

Los autores tuvieron en cuenta dos resultados: la intensidad del dolor y los efectos adversos (incluida la cantidad de efectos secundarios que promovía el abandono del tratamiento).

El glucocorticoide, el polidocanol y el glicosaminoglicano polisulfato no aliviaron más que el placebo el dolor del codo de tenista, la toxina botulínica fue algo más efectiva que el placebo, pero estuvo relacionada con una cantidad significativa de efectos adversos (paresis y debilidad transitorias). Además, todos los en estudios sobre toxina botulínica tenían un riesgo de sesgo alto o poco claro.

La sangre autóloga, el plasma rico en plaquetas, la proloterapia y el ácido hialurónico fueron significativamente más efectivos que el placebo, pero sólo la proloterapia fue significativamente superior al placebo tras excluir los resultados de estudios con un nivel alto o poco claro de sesgo.

En todos los ensayos se registró dolor transitorio después de las inyecciones, pero no se observaron abandonos por los efectos adversos y sin efectos secundarios graves. Sólo tres ensayos  tuvieron bajo nivel de riesgo de sesgo.

El equipo señala que la revisión sistemática y metaanálisis identificó una ausencia de pruebas de ensayos sin sesgo y a partir de los que se podrían recomendar terapias inyectables para el tratamiento de la epicondilitis lateral.

Fuente: American Journal of Sports Medicine

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