Hepatitis

Hepatitis

La hepatitis es un padecimiento sumamente común que puede ocasionar severas complicaciones. Te explicamos cómo prevenirla.

Hepatitis significa inflamación del hígado. Puede ser ocasionada por diversas causas como virus, medicamentos y la llamada hepatitis autoinmune. En ésta, el propio organismo autodestruye las células hepáticas.

Hepatitis viral

Entre las más comunes figura la hepatitis viral que puede ser ocasionada por cinco tipos de virus: A, B, C, D, y E. Los tipos B, C y D están comúnmente relacionados con el desarrollo de enfermedad crónica del hígado, cirrosis y cáncer.

Hepatitis A

El virus de la tipo A se encuentra en la materia fecal y se transmite ingiriendo alimentos contaminados. Este virus se inactiva mediante el hervor o con el contacto con cloro y radiación ultravioleta (luz solar). Por eso los alimentos bien cocidos o desinfectados con cloro evitan el contagio. Además la ropa secada al sol también estará libre del virus de la hepatitis A.

Hepatitis B

En el caso de la tipo B existen varios subtipos que están relacionados tanto con la severidad de la infección como con la capacidad de contagio. Éste se da por sangre (transfusiones o por el intercambio de agujas contaminadas, especialmente en personas que consumen drogas intravenosas). También se contagia por contacto sexual o de madre a hijo durante el embarazo y al momento del parto.

Hepatitis D

El virus de la hepatitis D requiere de la presencia del de la hepatitis B para replicarse. Este virus se transmite principalmente por sangre y en menor grado por contacto sexual.

Hepatitis C

El virus de la hepatitis C es muy común en personas que se sometieron a transfusiones antes de 1990. Y es que en esa fecha aún no había exámenes para detectarlo. La mayoría de los contagios ocurre por transfusiones, intercambio de agujas contaminadas y muy rara vez por contacto sexual o de madre a hijo.

Hepatitis E

El virus de la hepatitis E, al igual que el de la A está presente en las heces y se transmite por alimentos contaminados. Este tipo de hepatitis es común que aparezcan casos en personas que viven en localidades que sufrieron una inundación.

Síntomas de hepatitis

Los síntomas de la hepatitis viral se dividen en tres fases: el llamado período prodrómico, que es el comienzo de la enfermedad. Le sigue la etapa de ictericia, en la cual el paciente se torna amarillo. Finalmente ocurre la fase de recuperación.

Período prodrómico

El período prodrómico varía en tiempo según el tipo de hepatitis en cuestión. Suele ser de aproximadamente cuatro semanas en la hepatitis A. Es de cuatro a doce semanas en las B y D, de siete semanas en la C y de cinco a seis semanas en la E. En esta fase de la enfermedad el paciente suele experimentar síntomas vagos. Entre ellos figuran la falta de apetito, nausea, vómito, cansancio, malestar general, dolor en articulaciones, músculos y cabeza. En esta etapa al enfermo generalmente le molesta la luz, puede tener dolor de garganta y tos. En los tipos A y E suele haber fiebre de 38 a 39 grados centígrados. En esta etapa el paciente comienza a presentar un color oscuro en la orina y claro en la materia fecal.

Etapa de ictericia

Aproximadamente cinco días después de los cambios en la coloración de la orina y las heces, comienzan a disminuir los síntomas prodrómicos. A partir de ese momento inicia la etapa en que el paciente presenta una tonalidad amarillenta en la piel y los ojos, condición conocida como ictericia. Para entonces el paciente puede haber perdido de 2.5 a 5. kilos de peso. El hígado y el bazo suelen tener un tamaño mayor de lo habitual. Este problema genera cierta molestia en el cuadrante superior derecho del abdomen. En la hepatitis C, los pacientes pueden no presentar síntomas o solo un cuadro clínico leve sin ictericia. 

Fase de recuperación

En la fase de recuperación, que puede durar de dos a doce semanas, el enfermo se siente mejor. Aquí ya desaparecen los síntomas y puede permanecer un incremento en el tamaño del hígado. Los pacientes con hepatitis tipos A y E suelen tener una recuperación total en uno o dos meses. Desafortunadamente, en los casos de hepatitis B y C la recuperación es de tres a cuatro meses.

¿Cómo saber si tengo hepatitis?

El diagnóstico se confirma mediante la realización de estudios en sangre. Dichos exámenes permiten determinar los anticuerpos contra cada uno de los virus causantes de la enfermedad. Además hay estudios específicos para saber si una persona tiene o tuvo el padecimiento.

En la mayoría de los casos, la A tiene un curso benigno y el paciente se recupera en su totalidad sin secuelas. Los tipos B y D, aunque en raras ocasiones, pero tienen la capacidad de desencadenar un cuadro fulminante. La tipo E también puede terminar en una hepatitis agresiva, principalmente en mujeres embarazadas. Cuando existe hepatitis fulminante el paciente suele caer en coma y la muerte sobreviene en 80% de los casos. Otra rara complicación de la B es la posibilidad de que se vuelva crónica, condición que es sumamente común en los casos de hepatitis C. Estos pacientes tienen del 85 al 90% de probabilidad de desarrollar hepatitis crónica, y del 20 al 50% de posibilidades de desarrollar cirrosis. Los tipos B y C también incrementan el riesgo de presentar un cáncer de hígado.

Tratamiento

El manejo de los pacientes con hepatitis viral depende del tipo en cuestión. Los tipos A y B no requieren de tratamiento; solo se recomienda una dieta rica en calorías. De preferencia el enfermo debe comer por la mañana porque por la tarde suele presentar náuseas. Pero hay que evitar medicamentos que sean metabolizados por el hígado.

Debido a la alta capacidad de la hepatitis C de volverse crónica, estos pacientes deben recibir medicamentos antivirales. En algunos casos de hepatitis B y D, pueden requerirse fármacos. En la fulminante el enfermo debe hospitalizarse y tratarse en una unidad de cuidados intensivos. Cuando es posible, el trasplante hepático aporta excelentes resultados en la hepatitis fulminante.

¿Cómo evito contagiarme?

En cuanto a prevención se refiere, hay vacunas disponibles para las hepatitis A y B. La vacuna para la tipo A se recomienda a partir de los dos años de edad, con dos dosis. Para la tipo B se administra desde el nacimiento con tres dosis . En el caso de los tipos A y B también tiene utilidad la administración de inmunoglobulinas. Estas son proteínas que mejoran las defensas y se recomiendan en las personas no vacunadas que tuvieron riesgo de contagiarse con estas enfermedades.

Desafortunadamente, para los tipos C, D y E no existe vacuna. Por ello, es altamente recomendable prevenir el contagio evitando la contaminación por sangre y contacto sexual en las tipo C y D. Además hay que cuidar la ingesta de alimentos y bebidas en el caso del virus de la hepatitis E.

Es fundamental que como paciente cuides tu salud y estés pendiente del tratamiento que recibes. Consulta la página del Movimiento por la Seguridad del Paciente e infórmate sobre el cuidado que recibes.

Deja un comentario