En busca de una cura para los “olvidadizos”

En Escocia están tratando de encontrar una cura para la desmemoria, es decir el ser olvidadizo.

Los investigadores de la Clínica de Investigaciones en el Reino Unido con sede en Glasgow, afirman que la gente es cada vez más olvidadiza como resultado de nuevos estilos de vida  y de la “sobrecarga de información”. El trastorno es conocido en el mundo médico como “discapacidad cognitiva subjetiva”.

Mucha gente, principalmente de edad avanzada, se preocupa cuando comienzan a olvidarse las cosas, como “¿dónde dejé las llaves?”, y creen que ésta es la primera señal de Alzheimer. Pero no siempre es así. Ser olvidadizo o tardarse en recordar ciertas cosas es un proceso normal del envejecimiento.

El objetivo del estudio es analizar por qué, incluso en la gente joven, los lapsos de memoria son cada vez más comunes. Los científicos lo han bautizado como “síndrome de la vida ocupada”.

La desmemoria es un proceso normal de la vejez, pero existe evidencia anecdótica que sugiere que ahora está afectando a gente cada vez más joven como resultado de múltiples ocupaciones en el hogar o el trabajo y por el exceso de información proveniente de varios medios de comunicación

La desmemoria, o el ser olvidadizo, puede ser causado por un estilo de vida frenético o cuando se ve constantemente bombardeado con información de teléfonos celulares, televisión, radio e Internet.

El estudio se refiere  a algo que no debe ser confundido con una pérdida seria de  la memoria, la cual sí puede estar relacionada con la demencia pre-senil. Este estudio está dirigido a quienes constantemente están perdiendo las llaves, se olvidan de los nombres de las personas, o pierden los lentes. Pero no de quienes sufren algo más serio.

Los investigadores estudian si este tipo de desmemoria puede ser tratada con una dosis pequeña de un fármaco que se usa para tratar la enfermedad de Alzheimer, la memantina.  Actualmente este medicamento se receta de forma rutinaria a las personas que ya padecen la enfermedad, pero se cree que una dosis más baja podría ayudar a combatir la “discapacidad cognitiva subjetiva”.

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