Al empezar el otoño comienza el catarro común

El resfriado común, catarro o resfrío es una enfermedad infecciosa viral leve del sistema respiratorio superior que afecta a personas de todas las edades, altamente contagiosa, causada fundamentalmente por rinovirus y coronavirus

Octubre es el principio de la temporada alta para el mercado de los “remedios para la gripe común“: los productos farmacéuticos sin receta médica que se usan para tratar el catarro.

Pero si los descongestionantes, unas bebidas dulces y calientes con sabor a limón para la tos, son los métodos modernos con los que enfrentamos los síntomas familiares, la humanidad cuenta con una larga tradición de búsqueda de maneras de aliviar esta condición tan común.

Desde la antigua Grecia hasta la Europa medieval, la sangría, las sanguijuelas y tratamientos más efectivos como la sopa de pollo han sido usados para la recuperación del resfriado común. Y aunque nuestro entendimiento de los virus que causan el catarro ha mejorado con el tiempo, y con eso nuestros remedios, una cura permanente sigue en estudio.

Teniendo en cuenta que el adulto promedio sufre catarro de dos a cinco veces al año.

La compañía de investigación de mercado Mintel dice que en el 2010, las ventas de remedios antigripales,  tuvieron un incremento del 10% en 5 años. En los EUA, se ha sugerido que el costo del catarro a la economía podría llegar a los 26 mil millones de dólares.

El catarro común no es una sola enfermedad, la causan hasta 200 virus diferentes para cuando los síntomas, causados por la reacción del sistema inmunológico del cuerpo a estos virus se presentan, ya es demasiado tarde para un antivirus.
Si el uso de la medicina fuese generalizado, los virus del catarro desarrollarían rápidamente resistencia del mismo modo que las bacterias superan a los antibióticos. El consejo de los médicos a los pacientes que sufren de catarro es sencillo: descansar, beber mucho líquido, tomar dosis moderadas de analgésicos y descongestionantes para aliviar los síntomas. Según el profesor Ronald Eccles, del Centro para el Catarro de Cardiff, en el Reino Unido, el catarro nos ha acompañado desde que los seres humanos se congregaron en comunidades, por lo menos desde la Edad de Hierro.

Durante al menos tres mil años, los chinos han tratado la nariz tapada con ma huang, una planta generalmente preparada como té. Contiene pseudoefedrina, empleada usualmente como descongestionante en remedios sin receta médica para la gripe común.

Los primeros pensadores creían que los síntomas del catarro eran causados por la penetración de las temperaturas bajas en el cuerpo, por lo que se trataban con líquidos calientes.

La sopa de pollo fue aclamada como tratamiento nada menos que en el año 60 DC, por Pedacius Dioscorides, un cirujano romano bajo el emperador Nerón. En el siglo XII, el físico Moses Maimónides la describió como “un alimento y una medicina excelente”. De hecho, no estaba lejos de la verdad: estudios modernos han demostrado que el pollo contiene el aminoácido cisteína, con propiedades descongestionantes.

Sin embargo, no todos los antiguos tratamientos para el catarro tenían una pizca de ciencia. Las viejas ideas europeas se relacionaban con la acumulación de líquido en el cuerpo que se expele por la nariz; de ahí que el sangramiento y las medicinas que hacen vomitar a los pacientes eran populares para deshacerse del exceso de líquido.

A pesar de esto, algunos tratamientos medievales fueron valiosos sin querer, en la Edad Media, algunos cristianos creían que el alma podía dejar al cuerpo durante el estornudo, así que a quienes sufrían de catarro se les exhortaba a cubrirse la boca, una costumbre que habría prevenido la diseminación de los virus. 

Benjamin Franklin, el connotado erudito, científico que condujo estudios sobre el catarro y llegó a la conclusión de que se transmitía entre individuos por el aire.

Muchos de los tratamientos que actualmente vemos en los estantes de las farmacias  fueron desarrollados a raíz de estudios llevados a cabo por la Unidad del Catarro, un instituto de investigación cerca de Salisbury, en Inglaterra, que funcionó entre 1946 y 1989, tal vez el instituto nunca logró su principal propósito: encontrar una cura para la gripe común, pero profundizó en el conocimiento científico, aislando coronavirus y rhinovirus, dos de las causas más frecuentes del catarro. Su investigación fue conducida por estudiantes voluntarios pagados que se quedaban por períodos de diez días cada vez, era un poco como Butlins (el campamento vacacional), pues había gente que lo veía como unas vacaciones; era una época de austeridad, estaban por un par de semanas, quedándose en un chalet donde los alimentaban.

Tal era la base de nuestros modernos “remedios para la gripe común“. En el Siglo XXI, sin embargo, pocos tratan un catarro como un período de ocio.


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