Uso de yodo radiactivo en cáncer de tiroides

El signo principal del cáncer de tiroides es un bulto (nódulo) en la tiroides, y la mayoría no producen ningún síntoma

Algunos pacientes de cáncer de tiroides en etapa temprana podrían recibir yodo radiactivo de forma innecesaria, mientras que otros con tumores más avanzados que deberían obtener el tratamiento no lo reciben, sugiere un estudio reciente a cargo de la Dra. Megan Haymart, profesora de medicina interna de la Universidad de Michigan.

 Más de 44,000 personas son diagnosticadas con cáncer de tiroides cada año., según el estudio, cuando se detecta temprano, se puede tratar muy bien mediante la extirpación quirúrgica de la tiroides, y la gran mayoría de personas sobreviven.

Con frecuencia, se trata a los pacientes con yodo radiactivo para eliminar cualquier resto de tejido canceroso. Pero el nuevo estudio halla una amplia variación de un hospital a otro en cuanto al porcentaje de pacientes de cáncer de tiroides que reciben yodo radiactivo.

 Encontraron que había una amplia variación en el uso de yodo radiactivo, y el hospital en que se recibía la atención hacía una diferencia en cuanto a si se administraba o no, señaló la Dra. Haymart. Tanta variación sugiere incertidumbre, los médicos no están seguros de cuándo está indicado el yodo radiactivo y cuándo no.

 El estudio aparece en la revista Journal of the American Medical Association.

 Las directrices actuales recomiendan el yodo radiactivo para reducir la recurrencia del cáncer de tiroides avanzado, lo que incluye los tumores más grandes y el cáncer que parece propagarse más allá de la tiroides. Para la enfermedad menos avanzada de “bajo riesgo”, la investigación no respalda el uso general de yodo radiactivo, para determinar cómo el yodo radiactivo se usa en los hospitales del país, los investigadores observaron información de la Base de Datos Nacional del Cáncer de EE. UU. sobre casi 190,000 pacientes de cáncer de tiroides tratados en 981 hospitales.

El uso de yodo radiactivo aumentó de alrededor de 40 %  de los pacientes en 1990 a 56 % en 2008. Aunque los pacientes que tenían enfermedad de “bajo riesgo” (de etapa 1) eran menos propensos a recibir yodo radiactivo que los pacientes de cáncer de tiroides avanzado (etapa 4), las personas con cánceres en etapa 2 y 3 eran igual de propensas que los que tenían tumores en etapa 4 a recibir el tratamiento. Las probabilidades de recibir yodo radiactivo también tenían mucho que ver con el lugar en que las personas eran tratadas.

 En general, alrededor del 37 %  de las mujeres menores de 45 años con tumores en etapa 1 recibieron yodo radiactivo. Pero esto varió de 0 %  en algunos hospitales a más de 90 %  en otros.

Para un caso de alto riesgo, por ejemplo un hombre de más de 45 años con enfermedad en etapa 3 o 4, las probabilidades de recibir yodo radiactivo iban de 25 % en algunos hospitales a 90 %  en otros. En este caso, las directrices indicarían que debe recibir tratamiento con yodo.

El número de pacientes que reciben yodo radiactivo ha aumentado significativamente, y los investigadores encuentran que las personas con los cánceres más tempranos lo reciben, aparentemente sin explicación del motivo, señaló el Dr. Len Lichtenfeld, subdirector médico de la Sociedad Americana del Cáncer (American Cancer Society). Hay mucha variación en el uso del yodo radiactivo, que parece basarse más en las preferencias del médico o del paciente, o de ambos, que en algún motivo científico o basado en evidencia.

El tratamiento con yodo radiactivo conlleva ciertos riesgos, incluso un pequeño aumento en las probabilidades de contraer leucemia o daño al tejido circundante, como las glándulas salivales. Las mujeres deben evitar el embarazo de seis meses a un año, y deben mantenerse alejadas de los niños pequeños alrededor de una semana tras el tratamiento.  

Para comparar si administrar yodo radiactivo es el mejor tratamiento en la mayoría de los casos, los investigadores necesitan dar seguimiento a largo plazo de  los resultados de quienes recibieron el tratamiento y quienes no.

Todo apunta al hecho de que necesitamos mejor investigación sobre la gestión del cáncer de tiroides, de forma que las directrices clínicas guíen a pacientes y médicos claramente sobre cuáles pacientes realmente necesitan yodo radiactivo.


































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