Las vacunas contra el VPH demuestran ser eficaces

La FDA ha aprobado dos vacunas para prevenir la infección por VPH. Ambas vacunas son muy efectivas en la prevención de infecciones persistentes por los tipos alto riesgo que causan el 70% de los cánceres de cuello uterino

A nivel mundial, el cáncer de cuello uterino o cervical es el segundo cáncer más mortal en las mujeres. A pesar de que su incidencia ha disminuido significativamente en Estados Unidos y otros países desarrollados, en los cuales se encuentran disponibles ampliamente los exámenes de detección, en particular la prueba de Papanicolaou, la enfermedad continúa siendo un problema de salud pública en los países en desarrollo. El grupo de virus responsables por casi todos los casos de cáncer de cuello uterino poseen características que los hacen particularmente susceptibles para la creación de vacunas.

El descubrimiento de que los virus del papiloma humano (VPH) son la causa inicial del cáncer de cuello uterino condujo a los doctores Douglas Lowy, jefe del Laboratorio de Oncología Celular del NCI y John Schiller, director de la Sección de Enfermedades Neoplásicas  quienes habían trabajado  para entender la forma en que estos virus infectan a las células. La meta de diseñar una vacuna para prevenir la infección por el VPH, y por tanto el cáncer, no se adoptó sino hasta principio de los años 1990.

Cuando empezó este trabajo, no había más optimismo de que se pudiera obtener una vacuna contra el VPH, había escepticismo de que funcionara del todo.

Los virus del papiloma humano  pueden iniciar la infección solamente en los sitios donde las capas normales de las células de la epidermis del cuello uterino han sido afectadas, con lo que se expone la membrana basal subyacente. En las mujeres que reciben la vacuna contra el VPH, este daño estimula la liberación de anticuerpos  que se fijan al virus y previenen la infección. La perseverancia de los investigadores dio fruto cuando, en el 2006, Gardasil se convirtió en la primera vacuna profiláctica contra el VPH autorizada en los Estados Unidos para la prevención del cáncer de cuello uterino en las mujeres. La aprobación de Cervarix, siguió en el 2009. Las niñas y mujeres que reciben todas las tres dosis de cualquiera de las vacunas antes de empezar su actividad sexual reciben casi el 100 % de protección contra la infección por tipos específicos del VPH. Se desconoce la duración de la inmunidad, pero se ha mostrado que dura por lo menos 5 años.  Ambas vacunas protegen contra la infección por los virus HPV-16 y HPV-18, dos tipos del VPH de alto riesgo, o carcinógenos, que causan aproximadamente el 70 % de todos los cánceres de cuello uterino. Gardasil también protege contra la infección por el HPV-6 y el HPV-11, que causan el 90 %  de las verrugas genitales.

No existía un buen récord de creación de vacunas contra infecciones genitales locales comentó el doctor Lowy, haciendo referencia, a los  intentos sin éxito para crear una vacuna contra el virus del herpes simple, ahora pensamos que hay varios factores que otorgan esta protección de tan alto nivel.

Los Dres. Schiller, Lowy y sus colegas empezaron sus estudios examinando las proteínas en la superficie de los virus del papiloma humano que se presumía eran responsables de la unión a células epiteliales específicas para iniciar la infección.

Los anticuerpos que se producen con la inyección intramuscular de la vacuna contra el VPH se transportan en la sangre. Sin embargo, debido a que las infecciones por el VPH ocurren en la superficie del cuello uterino, no quedaba clara la forma en que estos anticuerpos circulantes entrarían en contacto con el virus para prevenir la infección. Investigaciones adicionales sobre el ciclo de vida del virus dieron respuesta, el virus se debe fijar a la membrana basal del cuello uterino, una capa por debajo de las células epiteliales, para iniciar la infección. La membrana basal queda expuesta solamente después de que las células superiores sufren daños físicos o químicos. Este trastorno (o “microtrauma”) estimula al cuerpo para que libere anticuerpos hacia el sitio del trauma, en donde los anticuerpos pueden entrar en contacto con el virus.

La necesidad de administrar varias inyecciones y el alto costo de las vacunas constituyen un obstáculo significativo para su amplio uso, especialmente para las personas en los países en desarrollo.

En la mayoría de los virus, el primer paso del ciclo de vida vírico, es la unión al receptor en la superficie celular, pero parece ser que los papilomavirus permanecen varias horas en la membrana basal antes de fijarse a la superficie celular. Esta característica permite que los anticuerpos tengan más oportunidad de unirse a la partícula vírica y prevenir la infección.

Otra característica del VPH que lo hace óptimo para la creación de vacunas, explica el Dr. Schiller, es su genoma de ADN bicatenario, que dificulta que el ADN acumule mutaciones. Esto evita que el virus del papiloma humano evada el sistema inmunitario tan eficazmente como los virus que tienen genomas del ARN monocatenario de rápida evolución, como el VIH.

Aunque las vacunas actuales contra el VPH constituyen avances importantes en la prevención de la infección por el VPH y el cáncer del cuello uterino, todavía hay mucho por hacer.

También existen otros obstáculos de orden más práctico que vencer. La necesidad de administrar varias inyecciones y el alto costo de las vacunas constituyen un obstáculo significativo para su amplio uso, especialmente para las personas en los países en desarrollo. En la actualidad, la mayoría de las niñas y mujeres que reciben la vacuna se harán pruebas de detección del cáncer de cuello uterino, por lo que tienen un riesgo bastante bajo; estamos más que todo previniendo lesiones premalignas, comenta el Dr. Schiller. El verdadero impacto sobrevendrá cuando se pueda vacunar a la población de mujeres que no se hacen pruebas de detección selectivas en forma adecuada. Esa será la recompensa real de esta vacuna.


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