El ‘reloj biológico’ puede afectar el riesgo de demencia de las mujeres

Los ritmos biológicos se han clasificado de acuerdo a su frecuencia y a su periodo

El ciclo de sueño y vigilia y los niveles de actividad física de una mujer mayor pueden afectar el riesgo de desarrollar demencia, sugiere un estudio realizado por el Dr. Greg Tranah del Instituto de Investigación del Centro Médico del Pacífico de California.

Encontró que el riesgo de demencia o deterioro cognitivo leve (un estado que a veces precede a la demencia) era mayor en las mujeres mayores con unos ritmos circadianos más débiles que son menos físicamente activas o que son más físicamente activas al final del día, en comparación con las que tienen ritmos circadianos más potentes y están más activas más temprano en el día.

Los ritmos circadianos, lo que la gente llama el reloj biológico, pueden tener un impacto sobre el cerebro y nuestra capacidad para funcionar con normalidad.

Lo que los hallazgos sugieren es que intervenciones futuras, como una mayor actividad física o usar la exposición a la luz para influir sobre los ritmos circadianos, podrán ayudar a influir sobre los resultados cognitivos [mentales] de las mujeres mayores.

El Dr. Tranah y colegas analizaron datos de casi 1,300 mujeres sanas de más de 75 años a quienes siguieron durante cinco años. Al final de ese periodo, 15 % de las mujeres habían desarrollado demencia y 24 % sufrían de alguna forma de deterioro cognitivo leve.

Las mujeres con ritmos circadianos más débiles que tenían niveles más bajos de actividad física o que eran más activas a final del día tenían 80 % más probabilidades de desarrollar demencia  que las que tenían ritmos circadianos más potentes y eran activas a principios del día.

Hasta donde sepamos, este es el primer estudio en mostrar una conexión tan firme entre la actividad del ritmo circadiano y el desarrollo subsiguiente de demencia, sin embargo, el hallazgo solo señala a una asociación, no puede probar causalidad.

Los cambios en el ritmo circadiano podrían influir directamente sobre el inicio de la demencia o la reducción en la actividad podrían ser una consecuencia, una señal de advertencia si se quiere, de cambios que ya ocurren en el cerebro. Identificar cuál es el motivo podría ayudarnos a desarrollar terapias para retrasar o ralentizar el desarrollo de los problemas cerebrales en las personas mayores.

El estudio aparece en  la revista Annals of Neurology.

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