Piel sintética que se repara por sí sola al tocarla

Científicos lograron reproducir el sentido táctil con un nuevo material electrónico sensible al contacto y a la presión

Los científicos de la Universidad de Stanford, en California, EUA, aseguran que han creado una “piel” de plástico sensible al tacto que se puede reparar por sí sola al romperse o cortarse,  incluye un polímero plástico con moléculas capaces de reorganizarse a sí mismas y restaurar la estructura del material tras ser dañado. Se añadieron minúsculas partículas de níquel al polímero para aumentar su resistencia mecánica y su conductividad eléctrica.

El equipo de investigadores  evaluó la capacidad de reparación de la piel sintética cortándola por la mitad con un bisturí. Entonces, juntaron las piezas de nuevo, aplicando una leve presión durante unos segundos, y hallaron que el material había recuperado rápidamente el 75%  de su resistencia original y su conductividad. Una media hora después, el material estaba recuperado prácticamente al 100%.

Incluso tras cortarlo y repararlo en el mismo lugar cincuenta veces, la capacidad original de doblado y estiramiento de la muestra se mantuvo intacta.

Retorcer o aplicar una presión sobre la piel sintética hace que cambie la distancia entre las partículas de níquel y, a su vez, la facilidad con la que los electrones pueden moverse entre las partículas. Estos cambios en la resistencia eléctrica pueden servir de información sobre la presión y la tensión de la piel.

El material es lo suficientemente sensible como para detectar la presión de un apretón de manos, y puede ser ideal para su uso en miembros artificiales, aseguran los investigadores. También sugirieron que el revestimiento de aparatos y cables eléctricos con este material podría darles la capacidad de autorrepararse y restablecer la corriente eléctrica sin necesidad de reparaciones caras y difíciles, concretamente en los lugares de difícil acceso como dentro de paredes o en el interior de vehículos.

El estudio aparece en la revista Nature Neuroscience.

Fuente: Stanford University

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